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🧩 ¿Negociar antes de demandar o intentar realmente resolver el conflicto? La diferencia importa

  • Foto del escritor: Alicia Medina
    Alicia Medina
  • hace 6 días
  • 5 min de lectura

Soy Alicia Medina, mediadora inscrita, y ayudo a personas, familias y profesionales a gestionar y resolver conflictos de manera presencial en Tenerife y también online.


Si tienes un problema que no consigues resolver, puedes enviarme tu consulta por WhatsApp desde mi web www.aliciamedinamediadora.com. Te responderé personalmente en menos de 24 horas.


Desde la entrada en vigor de la Ley Orgánica 1/2025, se habla cada vez más de los MASC —Medios Adecuados de Solución de Controversias— y de la necesidad de intentar una negociación antes de acudir a los tribunales en numerosos asuntos civiles y mercantiles.

Esto está provocando un cambio importante.

Personas que quizá nunca se habían planteado negociar su conflicto antes de presentar una demanda ahora tienen que hacerlo.

Pero aquí aparece una cuestión que me parece fundamental:

¿Estamos negociando para intentar solucionar el problema o simplemente para poder decir después que lo hemos intentado?

La diferencia es enorme.


Cuando negociar se convierte en un trámite

Imaginemos dos personas enfrentadas por una herencia.

O un propietario y un inquilino que mantienen una disputa económica.

Dos hermanos que no consiguen ponerse de acuerdo sobre el cuidado de sus padres.

Una pareja que se separa y tiene que reorganizar determinadas cuestiones familiares o patrimoniales.

Dos socios cuya relación se ha deteriorado.

En muchos de estos casos existe una tendencia comprensible: cuando alguien considera que tiene razón, quiere que un tercero se la reconozca.

Y ese tercero suele ser el juez.

Por eso puede ocurrir que el intento de negociación previo se afronte simplemente como un obstáculo que hay que superar antes de presentar la demanda.

Se envía una propuesta.

La otra persona la rechaza.

Se acredita que se ha intentado negociar.

Y el conflicto continúa hacia los tribunales.

Formalmente puede haberse cumplido un requisito.

Pero el problema sigue exactamente donde estaba.

La propia ley advierte sobre este riesgo

Hay algo especialmente interesante en el espíritu de la Ley Orgánica 1/2025.

La norma pretende recuperar la capacidad negociadora de las personas y evitar que estos mecanismos terminen convirtiéndose en simples requisitos burocráticos antes de acudir a los tribunales.

Es una idea que comparto plenamente.

Porque negociar no consiste únicamente en intercambiar propuestas.

Para que exista una posibilidad real de acuerdo, muchas veces necesitamos comprender primero qué está ocurriendo detrás de las posiciones de cada persona.

“Quiero 20.000 euros” no siempre significa que el problema sean 20.000 euros

Esta es una de las cuestiones que más sorprenden cuando empezamos a analizar un conflicto.

Una persona puede decir:

«Quiero que me pague 20.000 euros».

Y la otra:

«No pienso pagarle esa cantidad».

Si nos quedamos ahí, parece que solo existen dos posibilidades.

Pagar.

O no pagar.

Pero cuando profundizamos pueden aparecer otras cuestiones.

Quizá una persona necesita liquidez inmediata.

Quizá la otra podría pagar, pero necesita hacerlo de manera fraccionada.

Quizá existe además un sentimiento de engaño.

Quizá lo que realmente ha deteriorado la relación no es la cantidad, sino una decisión que se tomó sin consultar.

Quizá existen otros bienes, obligaciones o intereses que podrían formar parte de una solución.

Ahí es donde empezamos a pasar de discutir posiciones a buscar soluciones.


Lo mismo ocurre en los conflictos familiares

Pensemos en dos hermanos que discuten constantemente sobre quién debe ocuparse de sus padres mayores.

Uno dice:

«Siempre me toca todo a mí».

El otro responde:

«Eso no es verdad».

Podrían pasar horas intentando demostrar quién tiene razón.

Pero quizá la pregunta útil sea otra:

¿Qué necesita esta familia para organizar adecuadamente el cuidado de sus padres a partir de ahora?

Cuando cambia la pregunta, muchas veces cambia también el conflicto.

Podemos empezar a hablar de horarios, disponibilidad, responsabilidades, ayuda externa, gastos, decisiones médicas o distribución de tareas.

Es decir, pasamos del reproche a la organización.

Y eso abre posibilidades que antes no aparecían.


¿Qué aporta una persona mediadora?

Una mediadora no decide quién tiene razón.

Tampoco impone una solución.

Mi trabajo consiste en ayudar a las partes a ordenar el conflicto, identificar qué está bloqueando la situación y explorar alternativas que quizá no habían considerado.

En ocasiones, las personas llegan convencidas de que el problema tiene únicamente dos soluciones posibles:

la mía o la tuya.

Pero muchos conflictos no tienen solamente dos soluciones.

Tienen una tercera.

Una cuarta.

O una combinación de varias.

El problema es que, cuando llevamos meses o años enfrentados con alguien, resulta muy difícil verlas.

La mediación tampoco garantiza un acuerdo

Esto también me parece importante explicarlo.

Acudir a mediación no significa estar obligado a llegar a un acuerdo.

Puede ocurrir que después de hablar, analizar las alternativas y comprender exactamente qué necesita cada parte, no exista una solución aceptable para todos.

En ese caso, cada persona conservará las opciones legales que le correspondan.

Pero existe una diferencia importante:

se habrá intentado realmente resolver el conflicto.

No simplemente cumplir un trámite.


¿Cuándo merece la pena intentar una mediación?

Especialmente cuando existe una relación que va a continuar después del conflicto.

Padres que seguirán tomando decisiones sobre sus hijos.

Hermanos que seguirán formando parte de la misma familia.

Vecinos que seguirán viviendo en el mismo edificio.

Socios que todavía pueden necesitar relacionarse.

Propietarios e inquilinos que deben resolver una situación pendiente.

Profesionales o empresas que quieren conservar una relación comercial.

Pero también cuando la relación vaya a terminar.

Porque incluso entonces puede existir una enorme diferencia entre terminarla mediante un acuerdo o hacerlo después de meses o años de enfrentamiento.

Antes de preguntarte quién tiene razón, prueba con estas preguntas

Cuando alguien me cuenta un conflicto, hay algunas preguntas que pueden ayudar a cambiar la perspectiva:

  • ¿Qué necesito realmente solucionar?

  • ¿Qué parte del problema es imprescindible resolver?

  • ¿Qué podría negociar?

  • ¿Qué creo que necesita la otra persona?

  • ¿Qué me costará mantener este conflicto durante seis meses más?

  • ¿Y durante dos años?

  • Si un juez me diera la razón, ¿resolvería realmente todo el problema?

  • ¿Existe alguna solución que todavía no hemos explorado?

No siempre será posible llegar a un acuerdo.

Pero estas preguntas permiten comprobar algo importante:

si todavía existe espacio para negociar antes de entregar la decisión a un tercero.

De la obligación de negociar a la oportunidad de solucionar

Los MASC han situado la negociación en un lugar mucho más visible dentro de nuestro sistema de resolución de conflictos.

Pero su verdadero valor no debería estar únicamente en poder acreditar que se ha intentado negociar antes de presentar una demanda.

La oportunidad es mucho mayor.

Consiste en detenernos antes de iniciar un procedimiento judicial y preguntarnos:

¿Podemos resolver esto nosotros?

Porque acudir a los tribunales seguirá siendo necesario en muchos casos.

Pero en otros, quizá descubramos que existe una solución más rápida, más flexible y construida por las propias personas afectadas.

Y esa, para mí, es una de las grandes posibilidades que ofrece la mediación.


Mediación presencial en Tenerife y mediación online

Soy Alicia Medina, mediadora inscrita en el Registro de Mediadores Familiares de Canarias nº 535 y en la Sección Primera del Registro de Mediadores e Instituciones de Mediación del Ministerio de Justicia.

Realizo mediaciones de manera presencial en Santa Cruz de Tenerife y también online, lo que permite trabajar con personas que se encuentran en diferentes islas, ciudades o países.

Si tienes un conflicto familiar, civil, mercantil, vecinal, profesional o de otra naturaleza y quieres saber si la mediación puede ser adecuada para tu caso, podemos hacer una primera valoración de la situación.


Puedes enviarme tu consulta directamente por WhatsApp desde www.aliciamedinamediadora.com. Te responderé personalmente en menos de 24 horas.

A veces el primer paso para solucionar un conflicto no es decidir quién tiene razón.

Es decidir si todavía merece la pena intentar resolverlo.

 
 
 

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