¿Sabías que tu estado de ánimo puede influir directamente en el éxito de una mediación?
- Alicia Medina

- 20 jun
- 3 min de lectura
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Muchas personas creen que una mediación consiste simplemente en sentarse a hablar.
Pero la realidad es mucho más compleja.
Y mucho más interesante.
La neurociencia ha demostrado que nuestro cerebro no funciona igual cuando estamos tranquilos que cuando estamos enfadados, asustados o estresados.
Por eso, el estado emocional con el que acudimos a una mediación puede influir enormemente en nuestra capacidad para escuchar, dialogar y encontrar soluciones.
La buena noticia es que podemos hacer algo al respecto.
Cuando estamos en conflicto, nuestro cerebro cambia
Ante una situación que percibimos como una amenaza, el cerebro activa mecanismos automáticos de supervivencia.
Aumenta la producción de cortisol y adrenalina.
Nos ponemos a la defensiva.
Interpretamos peor las intenciones de los demás.
Escuchamos menos.
Y reaccionamos más.
Desde un punto de vista biológico tiene sentido.
Nuestro cerebro está preparado para protegernos.
El problema es que este estado resulta poco compatible con una conversación constructiva.
El diálogo necesita un cerebro diferente
Las investigaciones en neurociencia muestran que las funciones relacionadas con la empatía, la creatividad, la toma de decisiones y la resolución de problemas dependen en gran medida de la actividad de la corteza prefrontal.
Es decir, de la parte más reflexiva de nuestro cerebro.
Cuando estamos excesivamente alterados emocionalmente, esta capacidad disminuye.
Por eso muchas personas salen de una discusión diciendo:
“No sé por qué respondí así.”
“No era eso lo que quería decir.”
“No fui capaz de escuchar.”
Preparar la mente antes de una mediación
Igual que un deportista calienta antes de competir, las personas pueden preparar su mente antes de afrontar una conversación importante.
No se trata de eliminar las emociones.
Se trata de gestionarlas.
Algunas estrategias sencillas pueden ayudar:
Respirar lenta y profundamente durante unos minutos.
Dar un paseo antes de la reunión.
Evitar conversaciones tensas inmediatamente antes de la sesión.
Dormir adecuadamente la noche anterior.
Llegar con tiempo para evitar el estrés añadido de las prisas.
Pequeños gestos que ayudan a que nuestro cerebro funcione mejor.
La importancia de sentirse seguro
La neurociencia también nos dice que las personas pensamos mejor cuando nos sentimos seguras.
Por eso una parte esencial de la mediación consiste en crear un entorno de respeto, escucha y confianza.
Cuando una persona siente que puede expresarse sin ser atacada, disminuye su nivel de alerta y aumenta su capacidad para reflexionar.
Es entonces cuando empiezan a aparecer nuevas ideas y soluciones.
Las mejores soluciones suelen surgir cuando baja la tensión
Uno de los aspectos más sorprendentes de muchas mediaciones es observar cómo cambian las personas a medida que avanza la conversación.
Llegan tensas.
Defensivas.
Convencidas de que no existe solución.
Y poco a poco, cuando se sienten escuchadas, empiezan a contemplar posibilidades que antes eran incapaces de ver.
No es magia.
Es neurociencia.
Cuando disminuye la amenaza, aumenta la capacidad de cooperación.
La mediación no solo resuelve conflictos
También crea las condiciones necesarias para que el cerebro funcione de una forma más abierta, más creativa y más colaborativa.
Por eso muchas veces las soluciones aparecen cuando las personas dejan de intentar ganar y empiezan a intentar comprender.
Da el primer paso
Si estás atravesando un conflicto y sientes que las emociones están dificultando el diálogo, escríbeme por WhatsApp a través de mi web.
Porque muchas veces no necesitamos pensar más.
Necesitamos crear las condiciones adecuadas para pensar mejor.
Y ahí comienza el verdadero valor de la mediación.

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