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¿Sabes por qué la mediación funciona? La neurociencia tiene mucho que decir

  • Foto del escritor: Alicia Medina
    Alicia Medina
  • 29 jun
  • 3 min de lectura

Si estás viviendo un conflicto y sientes que las emociones te impiden encontrar una solución, escríbeme por WhatsApp a través de mi web www.aliciamedinamediadora.com . Te responderé personalmente en menos de 24 horas.

Muchas personas me preguntan:

“¿De verdad una mediación puede cambiar una situación que lleva años enquistada?”

Mi respuesta es sí.

Y no solo por mi experiencia como mediadora.

También porque la neurociencia explica muy bien por qué ocurre.

Hace poco terminé de leer el magnífico libro “Neurociencia para la vida real”, de Ana Ibáñez, y mientras avanzaba en su lectura no dejaba de pensar en la cantidad de conexiones que existen entre el funcionamiento de nuestro cerebro y el éxito de la mediación.

Porque, en realidad, la mediación no cambia a las personas.

Lo que hace es crear las condiciones para que el cerebro funcione mejor.


Cuando estamos en conflicto, pensamos peor

La neurociencia nos explica que cuando vivimos una situación de amenaza o conflicto, nuestro cerebro activa mecanismos de supervivencia.

Nos ponemos a la defensiva.

Interpretamos peor las intenciones del otro.

Escuchamos menos.

Y reaccionamos más.

No es que seamos peores personas.

Es que nuestro cerebro está priorizando protegernos antes que comprender.

En ese estado es muy difícil negociar.

Muy difícil empatizar.

Y todavía más difícil encontrar soluciones creativas.


Cambiar el estado mental cambia la conversación

Una de las ideas más interesantes que desarrolla Ana Ibáñez es que nuestro cerebro puede entrenarse y que nuestro estado mental influye directamente en nuestra forma de pensar, sentir y actuar.

No tomamos las mismas decisiones cuando estamos agotados que cuando estamos serenos.

No escuchamos igual cuando estamos enfadados que cuando nos sentimos seguros.

Y no generamos las mismas ideas cuando vivimos instalados en el miedo que cuando recuperamos la calma.

Por eso el primer objetivo de una mediación no debería ser alcanzar un acuerdo.

El primer objetivo es crear el estado adecuado para que ese acuerdo pueda aparecer.


La mediación baja el ruido del cerebro

En una buena mediación ocurre algo muy interesante.

Las personas dejan fuera el teléfono.

Las interrupciones.

Las prisas.

Las obligaciones.

Y durante un tiempo concentran toda su atención en una sola cosa:

Comprender el problema.

Ese cambio parece sencillo.

Pero desde el punto de vista del cerebro es enorme.

Cuando disminuye el nivel de tensión y aumenta la sensación de seguridad, recuperamos capacidades fundamentales:

  • escuchamos mejor,

  • pensamos con mayor claridad,

  • conectamos con la empatía,

  • somos más creativos,

  • y aparecen alternativas que antes no veíamos.


Decidir solo con la cabeza tampoco funciona

Durante muchos años se pensó que las mejores decisiones eran las más racionales.

Hoy sabemos que no es así.

La neurociencia demuestra que emoción y razón trabajan juntas.

Las personas no decidimos únicamente con datos.

También decidimos desde nuestras experiencias, nuestros valores y nuestras emociones.

Por eso una mediación eficaz no ignora las emociones.

Las escucha.

Las ordena.

Y les da un espacio para que dejen de bloquear las decisiones.

Porque una decisión inteligente necesita cerebro.

Pero también necesita corazón.


La empatía también tiene una explicación científica

Cuando una persona se siente verdaderamente escuchada, baja su nivel de alerta.

Y cuando baja la alerta, aumenta la capacidad de comprender al otro.

La empatía no significa dar la razón.

Significa ser capaz de mirar una situación desde otra perspectiva.

Y ese pequeño cambio puede transformar completamente una negociación.


Por eso la mediación funciona

No porque exista una fórmula mágica.

No porque el mediador tenga todas las respuestas.

Funciona porque crea un entorno donde el cerebro deja de reaccionar y empieza a reflexionar.

Donde las personas pasan del enfrentamiento a la colaboración.

Donde el miedo deja espacio a las ideas.

Y donde el diálogo vuelve a ser posible.

La neurociencia confirma algo que los mediadores vemos cada día:

Las mejores soluciones aparecen cuando las personas se sienten escuchadas, seguras y capaces de pensar con claridad.


Da el primer paso

Si hoy estás viviendo un conflicto que parece no tener salida, quizá no necesites seguir discutiendo.

Quizá necesites crear las condiciones para que tú y la otra persona podáis pensar de otra manera.

Escríbeme por WhatsApp a través de mi web.

Porque muchas veces, la solución no aparece cuando cambiamos de opinión.

Aparece cuando conseguimos cambiar el estado desde el que estamos pensando.

 
 
 

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