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¿Qué hace que un mediador sea realmente bueno? Mucho más que un título o una acreditación

  • Foto del escritor: Alicia Medina
    Alicia Medina
  • 4 jul
  • 3 min de lectura

Si buscas un mediador y no sabes en qué debes fijarte, escríbeme por WhatsApp a través de mi web. Te responderé personalmente en menos de 24 horas.

En los últimos años la mediación ha adquirido un protagonismo creciente como una forma eficaz de resolver conflictos.

Y eso es una magnífica noticia.

Pero también plantea una pregunta importante:

¿Basta con que una persona esté acreditada para ser un buen mediador?

Mi respuesta es clara.

No.

La formación y la acreditación son imprescindibles.

Pero, por sí solas, no convierten a nadie en un buen mediador.

Porque la mediación es una profesión muy especial.

Y trabajar con personas en momentos de enorme vulnerabilidad exige mucho más que conocimientos técnicos.


Un mediador no resuelve el conflicto

Muchas personas creen que el mediador está ahí para decir quién tiene razón.

No es así.

Su función consiste en crear las condiciones para que las propias personas puedan volver a escucharse, comprenderse y construir sus propios acuerdos.

Y eso requiere habilidades que difícilmente se aprenden únicamente en un curso.


Escuchar de verdad

Escuchar parece sencillo.

Pero no lo es.

La mayoría escuchamos para responder.

Un buen mediador escucha para comprender.

Escucha también lo que no se dice.

Percibe silencios.

Emociones.

Miradas.

Cambios de tono.

Y muchas veces descubre el verdadero problema mucho antes de que aparezca en la conversación.


Mantener la calma cuando otros la han perdido

Las personas llegan a mediación con miedo, tristeza, enfado o frustración.

El mediador debe ser capaz de mantener la serenidad incluso cuando las emociones están desbordadas.

Porque la calma también se transmite.

Y cuando una persona se siente segura, su capacidad para dialogar cambia por completo.


La empatía no consiste en dar la razón

Empatizar no significa ponerse de parte de nadie.

Significa comprender cómo está viviendo cada persona la situación.

Un buen mediador consigue que todas las partes se sientan escuchadas y respetadas.

Y esa sensación es el primer paso para construir acuerdos.


Saber preguntar

Con frecuencia no son las respuestas las que cambian una mediación.

Son las preguntas.

Una buena pregunta puede abrir una puerta que llevaba años cerrada.

Puede cambiar una perspectiva.

Puede hacer que una persona descubra algo que nunca se había planteado.


Creer profundamente en las personas

Quizá esta sea la cualidad más importante.

Un buen mediador cree que las personas son capaces de encontrar soluciones.

No impone.

No dirige.

No manipula.

Confía en que, cuando existe un espacio adecuado, las personas suelen encontrar respuestas mejores que las que cualquier tercero podría imponerles.

Ese convencimiento no siempre se enseña.

Muchas veces forma parte de la manera de entender al ser humano.


Una profesión profundamente vocacional

La mediación exige conocimientos jurídicos, psicológicos, comunicativos y de negociación.

Pero también requiere paciencia.

Humildad.

Capacidad de concentración.

Equilibrio emocional.

Respeto absoluto por las personas.

Y una enorme curiosidad por seguir aprendiendo.

Porque cada conflicto es distinto.

Y cada familia, empresa o relación necesita ser comprendida desde su propia realidad.


Elegir mediador también es una decisión importante

Cuando buscas un médico, un arquitecto o un psicólogo, no solo valoras su título.

También buscas experiencia, confianza y la forma en que trata a las personas.

Con un mediador ocurre exactamente lo mismo.

Porque no vas a confiarle un simple trámite.

Vas a confiarle una parte muy importante de tu vida.


Da el primer paso

Si estás buscando un mediador, no te quedes únicamente con una acreditación.

Busca también a una persona que sepa escuchar, que genere confianza, que mantenga la calma y que crea de verdad en la capacidad de las personas para resolver sus propios conflictos.

Porque, al final, la mejor herramienta de un mediador no es el diploma que cuelga de su pared.

Es la confianza que consigue despertar en quienes se sientan frente a él.

 
 
 

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